La corriente Izquierda Socialista en Castilla y León, nace en el año 2004 tratando de unificar posturas presentes dentro del PSOE donde está creada dicha corriente dentro de esta comunidad, la Corriente Izquierda Socialista tiene de vida a nivel nacional más de 20 años.
Breve historia de la Corriente Izquierda Socialista a nivel Nacional:
ORIGENES DE LA CORRIENTE IZQUIERDA SOCIALISTA
Desde comienzos de los años setenta los llamados “Socialistas del interior” inician su andadura para renovar el viejo PSOE, que se plasma en la nueva dirección elegida en el Congreso de Suresnes de septiembre de 1974 con el liderazgo de Felipe González; cuyas prioridades fueron: luchar con las demás fuerzas políticas contra el franquismo, plantear el cambio como una conquista de sucesivas parcelas de libertad en lugar del hundimiento o ruptura brusca del Régimen autoritario, preservar un espacio para el PSOE en la futura transición y lograr la unidad del socialismo español, dividido en varios grupos. En el XXVII Congreso (diciembre de 1976), con la presencia de los líderes europeos más notables, el Partido sigue defendiendo la superación del capitalismo mediante la revolución socialista y define un modelo “marxista” de transición a la sociedad sin clases mediante el “reformismo revolucionario”; al tiempo que preconiza la liquidación de las bases extranjeras, la independencia de los bloques militares y la neutralidad activa.
Las elecciones del 15 de junio de 1977, representaron una victoria para el PSOE porque emergió como la alternativa inminente de la izquierda a la UCD y nos situaron prácticamente en la antesala del poder. El rápido paso desde la clandestinidad antifranquista al consenso constitucional exigió tremendas renuncias (república federal, nacionalizaciones, comisiones de depuración de responsabilidades políticas en la Dictadura, papel de la Iglesia, etc.) al conjunto de la izquierda española en aras del éxito del proceso de transición y del consenso constitucional. Se pasó la página “negra” de la derecha dictatorial sin apenas dejarla escrita, y así en el XXVIII Congreso Socialista se decantaron las posiciones: por una parte -IS- pretendía mantener el marxismo como referente ideológico para un reformismo revolucionario (la vieja línea del obrero consciente y del republicanismo federal), y, en otra línea, aquellos que defendían un partido más moderado, portavoz interclasista en la nueva sociedad industrial, urbana y neocapitalista, con predominio de una práctica política en y sobre las instituciones que permitiese acceder cuanto antes al poder, para estabilizar el cambio político y profundizar en las transformaciones democráticas.
Tras nuestra victoria electoral del 28 de octubre de 1982: la Conferencia de Organización y Estatutos (marzo-1983) otorgó “carta de naturaleza” a Izquierda Socialista, al reconocerse las corrientes internas de opinión en el seno del PSOE. Las primeras discrepancias con la praxis gubernamental se centraron en que la estabilización de España, la consolidación de la democracia y la modernización deberían ir mas allá: hacia una auténtica transformación igualitaria de la sociedad (tercera vía de los socialismos mediterráneos); también, se denunció desde la corriente el empobrecimiento ideológico y la postergación de la dinámica propia del partido a las exigencias de la gestión institucional. Pero el debate sobre el abandono de la opción “neutralista” y la adopción por el Gobierno socialista del ingreso en la OTAN, que dividió el campo ideológico de la izquierda política, provocó entonces el más fuerte encontronazo entre la mayoría del Partido y la corriente Izquierda Socialista: los militantes que sintonizaban con ésta siguieron defendiendo los ideales internacionalistas, europeístas y antibloques militares negándose a participar en la campaña del referéndum del 12 de marzo de 1986. Fueron momentos de tensión y algunos dirigentes históricos del socialismo terminaron marchándose a la nueva coalición Izquierda Unida, perdiendo la corriente varios de sus primeros referentes, pero con la mayoría de sus miembros reafirmados como sector crítico en el seno del PSOE.
Desde entonces Izquierda Socialista, en los sucesivos Congresos y órganos del Partido, fue proponiendo múltiples debates y alternativas a las políticas que desarrollábamos: Opciones como el pacifismo y la disolución de las alianzas militares frente al atlantismo, la mayor apertura al “Tercer Mundo” y la solidaridad con las causas del Frente POLISARIO, Timor, Palestina...o la denuncia de las intervenciones norteamericanas en distintos países, el propugnar una vía reformista social frente a la “ultraliberalización mercantilista” de los países poscomunistas, la profundización federal en el Estado de las Autonomías y establecimiento de mecanismo de compensación, equilibrio, cooperación y solidaridad entre Comunidades, el reforzamiento del Estado de Bienestar y del pacto social con los sindicatos, el diálogo y las alianzas con la izquierda plural, la denuncia de la oligarquización del partido por los cargos públicos, la necesidad de renovación interna y la articulación del pluralismo en el seno del PSOE, las constantes peticiones para que la Internacional Socialista liderase la política mundial desde la izquierda, las demandas al PSOE de corrección de los déficits democrático y social de la UE etc; serían las “señas de identidad” que Izquierda Socialista fue presentando en varios congresos.
Orígenes de la primera andadura de la Corriente de Izquierda Socialista
Entre el XXVIII Congreso del PSOE, celebrado en mayo de 1979 y el XXIX de octubre de 1981 (sin olvidar el Congreso Extraordinario del 28/29 septiembre de 1979); nuestro partido se preparó para llegar al poder, llevando a cabo un giro ideológico y programático con un cambio orgánico de gran importancia: abandono del marxismo, evolución del reformismo revolucionario al gradualismo socialdemócrata, reforzamiento del liderazgo y de los órganos ejecutivos, estructuración federal, etc. En ese proceso fue decantándose la identidad y los fundamentos del discurso crítico de la corriente interna de opinión Izquierda Socialista: En abril de 1980, los militantes del sector crítico en Valencia crean el Colectivo Izquierda Socialista y en noviembre de 1980 un grupo numeroso de compañeros de la Federación Socialista Madrileña, acogiéndose a la Resolución Política del Congreso Extraordinario de Septiembre de 1970, acuerdan manifestar con tal denominación, invocando nuestro Programa Máximo y la concepción del PSOE como instrumento de liberación de la clase trabajadora y de transformación radical de la sociedad; y un proceso similar fue decantándose en el resto de las federaciones donde se emiten diversos manifiestos fundacionales, reafirmando los principios socialistas clásicos frente a la “desideologización” del partido.
PRINCIPIOS IDEOLÓGICOS
Pese a la “derrota dulce” en 1996, nos encontramos con la responsabilidad de ejercer la oposición en un Partido desarbolado por años de acción desde las instituciones (ahora perdidas) y en una coyuntura histórica poco favorable y ante varios peligros:
1.- La incapacidad del partido para reencontrarse con los sectores sociales receptivos a nuestros programas para el siglo XXI; por tanto, el “conformismo” de esperar a que, por sus propios errores, se caiga el PP del poder como fruta podrida.
2.- La consiguiente tentación de mantener un mensaje poco incisivo “moderado”, “responsable” como de un partido de Gobierno en la antesala del poder; pensando, así, con un paso más hacia el centro político, recuperar electorado. Renunciando a la lucha por difundir proyectos para un nuevo impulso al fuerte reformismo anclado en nuestro espacio propio. (Los primeros bancos del parlamento estaban ocupados por ex altos cargos dispuestos a larga espera más que a movilizaciones), pensando en recuperar electorado hacia el centro político, en lugar de luchar por difundir
los nuevos proyectos para un nuevo impulso al reformismo fuerte anclado en nuestro espacio propio y que durase, al menos, otra década.
En consonancia con ese análisis precedente, la propuesta de resolución política alternativa que presentamos en el XXXIV Congreso (en el verano de 1997) a la incluida en la ponencia marco que presentamos, pretendía rearmar ideológicamente al Partido; propiciar y enriquecer la democracia interna con el pluralismo de corrientes, “radicalizar” y diferenciar nítidamente el mensaje socialista, en el sentido de una profundización en la democracia económica y social, y de una mayor participación ciudadana en la política; abrirnos a la izquierda plural y sustituir la teoría de la “casa común” por la causa común (los pactos de mínimos en la coyuntura de las elecciones generales del 2000 llegaron tarde).
En las argumentaciones la corriente apunta: Nunca los valores de la izquierda han avanzado en coyunturas históricas adversas si cedemos constantemente terreno defendiendo “a la baja” nuestras conquistas sociales, e incluso contemporaneizamos con posiciones extrañas a nuestro ideario tradicional, por mayoritarias que estas puedan parecernos en un momento determinado. Desde siempre el socialismo democrático ha otorgado prioridad –antes que a la consecución o conservación del poder en sí mismo- a nuestros deseos emancipadores de progreso y de transformación social. Partamos de la situación real en la que nos encontramos, asumamos nuestros errores para superarnos y volvamos a ilusionar a la sociedad española con un proyecto de futuro más solidario que debe emanar de este 34º Congreso.
La historia más reciente, la hemos vivido intensamente y la conocemos bien todos:
1.- Intento de legitimación-renovación del nuevo liderazgo que se hace cargo del Partido en el XXIV Congreso, mediante las primarias.
2.- Apoyo de Izquierda Socialista y los sectores más críticos al compañero Borrell y a otros muchos candidatos a las listas municipales para lograr definitivamente los cambios necesarios y abrir la nueva etapa.
3.- Resistencias del aparato y crisis de entendimiento que desembocan en la renuncia del candidato electo por las bases.
4.- Y fuerte derrota en las elecciones generales del año 2000.
Como también nosotros habíamos escrito: por no abordar la renovación y regeneración a tiempo y con convicción, la dimisión del Secretario General situó al Partido ante un “big bang” dramático que nos hubiera llevado a la refundación; si la Comisión Política que se hizo cargo de la dirección no hubiese abierto totalmente el XXXV Congreso al libre juego democrático de todas las sensibilidades y candidatos para que las bases decidiesen; precisamente lo que Izquierda Socialista venía reclamando desde hacía años.
En esta nueva etapa de esperanza que el Partido vive, no queremos apuntarnos protagonismos que, en todo caso, corresponde a todo el colectivo de militantes y simpatizantes que forman la gran familia socialista; pero basta releer detenidamente nuestras aportaciones al XXXV Congreso y en la Conferencia Política de hace un año para comprender la necesidad –y la urgencia- de que se consolide en el PSOE un “ala izquierda” que impulse el ideario emancipador, defienda nuestros valores tradicionales, ejerza la critica interna responsable y aporte iniciativas y alternativas.
PRINCIPIOS DE DEMOCRACIA INTERNA
Los socialistas somos conscientes de que la sociedad nos demanda una revitalización de ideología política interna y nos exige un mayor grado de democratización en todos los partidos políticos. Ambas exigencias no impiden mantener un partido cohesionado, capaz
de integrar en su seno posiciones diferentes y, a su vez, ofrecer soluciones viables para los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país.
En el XXXIII Congreso Federal decidimos que uno de los objetivos que debemos alcanzar en el año 2000 es la democracia paritaria. Pero antes, en este Congreso, hemos tenido de ampliar los cauces de participación para hacer real la democracia en los partidos.
La aplicación del lema “un afiliado, un voto” incentivará la participación de los afiliados y es la mejor escuela de militancia.
También democratizará el funcionamiento interno del partido las elecciones primarias, el voto a las personas y no a las listas cerradas, en todos los niveles.
Estamos convencidos de que si en nuestro partido continua la cultura de la unanimidad, se cultivan las tendencias oligárquicas y se recurre a la estigmatización de los discrepantes, lo más probable es que se esclerotice.
HACIA UN MODELO SOCIALISTA REGENERADOR, PARTICIPATIVO Y TRANSFORMADOR.
Las diversas lecturas que se han realizado, desde diferentes puntos de vista, de los resultados de los comicios de 3 de Marzo de 1996 permiten inferir un hecho contundente e incuestionable.
Hemos de partir del reconocimiento explícito de la pluralidad de la izquierda y de que ese pluralismo es un activo. Por lo tanto, apreciando que no existe casa común sino causa común, corresponde hacer esfuerzos para abandonar las actitudes fundamentalistas, las tendencias hacia el hegemonismo, el seguidismo a los liderazgos carismáticos y el atrincheramiento en las respectivas culturas políticas.
De este modo, daremos pasos firmes para valorar lo mucho que nos une y así aparcar o pactar las diferencias en lo poco que nos separa y, como consecuencia, implicarnos conjuntamente en un proyecto común desde el respeto a la autonomía y soberanía de las respectivas organizaciones.
La izquierda necesita superar conflictos pasados para ganar el futuro y ello lo puede alcanzar mediante un diálogo constructivo que atienda a las grandes coincidencia programáticas: